Puede que el cielo vuelva a oscurecerse. Puede que las nubes se tornen grises y amenazadoras de nuevo. Puede que la tormenta estalle y estremezca al mundo con su furia. Es posible que la luz parpadee otra vez y amenace con apagarse. Los viejos miedos siempre florecen de nuevo entre las grietas de las conciencias heridas, cual rosas negras repletas de infortunios y desdichas, pero esta vez no seré yo quien los sufra. Si el cielo se oscurece, la luna reflejará una luz imprecisa y titilante y me marcará el camino. Si las nubes vuelven a mostrarse grises e impasibles, caminaré entre ellas y me llevaré su humedad en la ropa, en la piel, en las pestañas, en el pelo, en el alma. Y si rompe la tempestad, que los relámpagos dilaten mis pupilas, que los truenos ensordezcan mis oídos hartos de escuchar solo excusas y que la lluvia empape hasta el último rincón de mi cuerpo. Si la luz se apaga caminaré a tientas, con una nueva sorpresa esperándome detrás de cada esquina. Si algún fantasma disfrazado de miedo me asalta en el camino, me reiré como la niña que solía ser antes de crecer y dejar la imaginación atrás, aferraré la rosa negra y la oleré con la sonrisa en los labios y las manos manchadas de sangre y espinas.
Ya no temo a la oscuridad, ahora no le tengo miedo a la tormenta, ya no miro atrás después de cada paso; porque alguien camina conmigo, porque alguien traza la curva de mi cuello con sus labios y la de mi espalda con sus manos. Porque alguien también se empapa de lluvia y me abraza dejándome sentir su piel contra la mía, porque me alza para que pueda ver el cielo y porque esta vez no se desvanece en el suspiro de los recuerdos.
Porque un cuervo me acaricia en sueños con sus alas negras y me susurra al oído: "Tú eres quien me trae la paz."
Porque un cuervo me acaricia en sueños con sus alas negras y me susurra al oído: "Tú eres quien me trae la paz."
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