Lo que una vez fue se perdió entre los rincones iridiscentes de la nostalgia, destinado al recuerdo; y lo que aún perdura se mantiene latente entre convulsiones y espasmos, pero la realidad siempre vive, siempre mata. Demasiado he vivido ajena al mundo real, demasiado he entretejido el destino en coronas de plata evanescente. Ahora que las burbujas se rompen es cuando me doy cuenta de quién soy de verdad. Ahora es cuando me doy cuenta de que mi presente no tiene futuro a menos que me guíes en la oscuridad. Ahora es cuando me percato de mi pequeñez, de mi indecisión, de mi debilidad. Abrázame fuerte, pues aún soy una niña indecisa con demasiadas ilusiones. Hazme saber que estás conmigo, para cuando el suelo se quiebre bajo mis pies. Ámame cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. Préndele fuego a mi corazón y hazme volar al Valhalla. Desnuda mi alma y durante una milésima de segundo mírame tal cual soy. Acaríciame con tus alas negras y acúname en sueños. Pues tú eres mi juez, mi agonía, mi luz, mi placer y mi majestad… todo en un instante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario