domingo, 3 de junio de 2012

10312

De fondo suena la canción infantil de otro verano; las puertas se cierran y las habitaciones se oscurecen, dentro solo existen los besos húmedos, los dientes que encuentran el camino hacia algún tipo de suspiro nuevo. Las almas se fusionan, los cuerpos arden, la piel se evapora, los miedos se esfuman, los corazones palpitan acelerados, los pensamientos se consumen en la decadencia del olvido y la lujuria, y los sentimientos manan con la dulce ambrosía de la lascivia.
Mientras el reloj da rienda suelta a las manecillas, el fuego se extiende y el hielo se derrite en sudor, la salvación eterna se escapa de las manos al mismo tiempo que el pecado se apodera de las mentes y los temblores son más y más involuntarios.
Las palabras se entrecortan, los ojos se iluminan una vez más, las miradas se reencuentran, las uñas abren la piel y las gargantas se enronquecen.


Todo parece tan lejano ahora... y sin embargo, podría acariciar las sensaciones con la misma facilidad con la que te cojo la mano ahora, necesitada de tu cariño, anhelante de tu deseo, muriendo por querer recuperar aquel momento.