viernes, 30 de diciembre de 2011

Delirios de una noche en soledad.

  Agónicos lamentos, nostálgicas despedidas, melancólicas canciones bajo el sol de la medianoche, un violín desafinado que entona tristes sonetos en la balaustrada de la torre tras un reloj antaño imponente, pero que ahora solo sirve de cobijo a los murciélagos y las almas en pena. Unas pupilas dilatadas, unos pulmones que se contraen, un parpadeo, un segundo, un beso rápido y fugaz, un sentimiento, un latido, una corriente nerviosa que desemboca en un nuevo espasmo, antes de morir en el silencio...
  Ahora apagados, los tañidos de las campanas, el murmullo del viento, el susurro de las canciones y el llanto del violín... forman parte de un recuerdo, un recuerdo que se difumina en la evanescencia de una calada de humo, fundida ya con la niebla de la dama nocturna... relegados al olvido, formando parte de la humedad en unas mejillas cansadas de esperar y esperar. Quizás sea una ilusión, quizás un sueño, quizás la demencia... quizás la realidad... mas sea lo que fuere, deja el dulce elixir del amargor de un corazón anhelante de romance al amparo de una trémula existencia terrenal.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Aléjame... o déjame morir.

Cielo, sé que prometí no deprimirme, sé que prometí estar siempre sonriendo... pero te he fallado, he incumplido mi promesa, esto me supera.
Aunque no sé por qué no me siento tan mal como debería, será que últimamente decepciono a tanta gente que ya sé reconocer esa mirada de reproche que significa "has fracasado".
¿Por qué la gente espera cosas de mí que sabe que no puedo darle? ¿Por qué me obligan a tener fe, a intentarlo con todas mis fuerzas, a obligarme a mí misma, cuando saben que lo que consiguen es que me rompa más todavía?
¿Por qué Tú, conociéndome como me conoces, me hiciste prometer algo que sabías que no iba a cumplir? ¿Por qué? 
Hay algo más grande que la culpabilidad que carcome mi mente en estos momentos, algo que ni siquiera tiene nombre, algo que está royendo mi conciencia, que está desintegrando mis sentimientos uno por uno, que está cerrando unos grilletes alrededor de mi alma sin que pueda impedirlo.
No me gusta. Me quema, arde; pero está frío, muy muy frío. 
Quitádmelo.
Sacádmelo del cuerpo.
No me gusta...
¿Es impotencia? Puede ser... el mundo se resquebraja a mi alrededor y yo no soy capaz de hacer nada. Me siento débil, frágil, vulnerable.
Mi cuerpo vuelve a estar frío, como si la sangre no fluyera dentro de mí, como si nada palpitara en mi pecho, pero no duele... ya no... ya no duele nada...
No me gusta.
Quitádmelo... por favor... quitádmelo... antes de que me arrebate lo poco que me queda, antes de que me haga olvidar... Quitádmelo antes de que me rompa en mil pedazos.

martes, 27 de diciembre de 2011

Y al igual que la vida, te escapaste entre los dedos.

Así que ya está. Se acabó. Ya no habrá más tardes aparcadas delante de una película mientras las caricias nos estremecen. Ya no habrá más canciones de significado especial ni mensaje subliminal que me hagan sonreír al escucharlas. Aquí se terminan las horas abrazados mientras las conversaciones a nuestro alrededor se desvanecen. Acabaron esos besos que me hacían contener el aliento, terminaron los susurros al oído, enmudecieron los "te quiero" y callaron los "te amo", se han esfumado las nubes de algodón y solo quedan los tormentosos cúmulos que lloran su pena sobre una ciudad sin nombre.
Lo echaré de menos.
Añoraré en silencio tus caricias, tus abrazos, tus dedos marcando melodías sobre mi piel como si fuera un piano, esos murmullos al oído que me dejaban tiritando hasta que volvías a abrazarme con una sonrisa. Voy a echar de menos la dulzura con la que me besabas y me costará acostumbrarme a que dejes de llamarme guapa después de cada beso.
Aunque lo que más me va a costar, va a ser el hecho de pasar a saludarte con besos en las mejillas, cuando en el típico "érase una vez" de los cuentos, te besaba en los labios.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Por ese momento...

Llega un momento en el que pierdes las fuerzas. Llega un momento, en el que rozas la muerte. Cuando sientes su roce y su frío abismal, cuando tus pies yacen al otro lado, en el camino oscuro que conduce al fin...la vida es sólo un soplo débil, una ilusión, un breve sueño.
Llega un momento en que olvidas no sólo el día que es, o la hora misma, sino quién eres, dónde estás y por qué, y sobre todo, qué haces viva. ¿Cuál es la razón por la que tu corazón sigue latiendo y su latido indica que la vida sigue fluyendo por tus venas? ¿Por qué tu cuerpo sigue sin rendirse cuando tú has perdido toda esperanza?
Llega un momento que es definitivo, clave, donde no hay vuelta atrás: ahí decides si te dejas ganar o sigues peleando hasta las últimas consecuencias