Así que ya está. Se acabó. Ya no habrá más tardes aparcadas delante de una película mientras las caricias nos estremecen. Ya no habrá más canciones de significado especial ni mensaje subliminal que me hagan sonreír al escucharlas. Aquí se terminan las horas abrazados mientras las conversaciones a nuestro alrededor se desvanecen. Acabaron esos besos que me hacían contener el aliento, terminaron los susurros al oído, enmudecieron los "te quiero" y callaron los "te amo", se han esfumado las nubes de algodón y solo quedan los tormentosos cúmulos que lloran su pena sobre una ciudad sin nombre.
Lo echaré de menos.
Añoraré en silencio tus caricias, tus abrazos, tus dedos marcando melodías sobre mi piel como si fuera un piano, esos murmullos al oído que me dejaban tiritando hasta que volvías a abrazarme con una sonrisa. Voy a echar de menos la dulzura con la que me besabas y me costará acostumbrarme a que dejes de llamarme guapa después de cada beso.
Aunque lo que más me va a costar, va a ser el hecho de pasar a saludarte con besos en las mejillas, cuando en el típico "érase una vez" de los cuentos, te besaba en los labios.
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