viernes, 30 de diciembre de 2011

Delirios de una noche en soledad.

  Agónicos lamentos, nostálgicas despedidas, melancólicas canciones bajo el sol de la medianoche, un violín desafinado que entona tristes sonetos en la balaustrada de la torre tras un reloj antaño imponente, pero que ahora solo sirve de cobijo a los murciélagos y las almas en pena. Unas pupilas dilatadas, unos pulmones que se contraen, un parpadeo, un segundo, un beso rápido y fugaz, un sentimiento, un latido, una corriente nerviosa que desemboca en un nuevo espasmo, antes de morir en el silencio...
  Ahora apagados, los tañidos de las campanas, el murmullo del viento, el susurro de las canciones y el llanto del violín... forman parte de un recuerdo, un recuerdo que se difumina en la evanescencia de una calada de humo, fundida ya con la niebla de la dama nocturna... relegados al olvido, formando parte de la humedad en unas mejillas cansadas de esperar y esperar. Quizás sea una ilusión, quizás un sueño, quizás la demencia... quizás la realidad... mas sea lo que fuere, deja el dulce elixir del amargor de un corazón anhelante de romance al amparo de una trémula existencia terrenal.

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