domingo, 20 de octubre de 2013

Décimo soneto a Río.

Ayer le vi. Con la llegada del otoño, con el caer de las hojas, con el susurro del viento y el cernirse del invierno le vi. Le vi y, como siempre, el innombrable nudo que solo aparece pensando en él me atenazó la garganta y el corazón, llenándolo de aquel mar de dudas que yo ya creía seco.
Y él me vio a mí. Puede que fuera un delirio de humo etéreo, puede que se viera atrapado en sus pensamientos, igual que hice yo, y su mirada se perdiera en mi dirección, puede que ambas, pero me vio.
Quiero creer que me miró porque realmente sabía que estaba ahí, que sabía que mis sentimientos por él se han marchitado pero no se han convertido en polvo aún, que intuía que conservo la esperanza de algún día poder volver a atreverme a hablarle. 
Irremediablemente del motivo, me miró, y yo le miré a él. La menta que él tanto odia y el chocolate que a mí tanto me gusta volvieron a fundirse en los ojos de cada uno, verde marihuana y castaño se enfrentaron una vez más en un duelo del que yo salí vencedora a duras penas. Duró unos segundos, el tiempo que tarda un pájaro en batir las alas, el tiempo que tarda un corazón en dar un latido, y a pesar de ello, fue suficiente para recordar. Bueno, malo, qué más da, el caso es que recordé. Le recordé a él.

sábado, 3 de agosto de 2013

Puta dependencia.

Tampoco tiene más. Es una puta dependencia, una adicción sana para el cuerpo, pero corrosiva para la mente. No escribiré metáforas, no pondré cosas bonitas para hacer hermosa mi frustración, esto ya no tiene vuelta de hoja, no se puede maquillar mas.
¿Que fue lo que me metiste en el cuerpo, maldito duende? ¿Que droga me suministraste entre besos que tan condenada me han dejado? Te odio, te odio, te odio. Debería. Debería porque no es mía la culpa de lo que sucedió, no la encuentro por ninguna parte y ya estoy cansada de recordar y recordar en mitad de la madrugada, haciendo polvo de cristal mi corazón con tal de encontrar algún resquicio de maldad en mí. Y sin embargo tú eres quien lo lleva mejor, eres tú el que no se digna a hablarme, eres tú el que ya ni siquiera me mira. ¿Cómo lo haces, como no te echas a llorar de la impotencia, como no eres capaz de mirar a tu alrededor buscándome como yo te busco a ti?
Asco de amor. Asco de veneno. Asco de ti. Asco de mi misma. Asco de pensamientos.
Siempre me digo lo mismo, siempre me digo que al final lo sufrirás tu mas que yo, pero pierdo contundencia por todas partes según se suceden las noches.
"La única manera de que me olvidases era romperte el corazón" 
Intenté salvarte. Intenté ser todo aquello que tu necesitabas, pero prefieres a alguien que solo te da lo que quieres. Lo intenté. 
Te odio. Te odiaría. 
Mi ángel roto.
Mi rosa negra.
Mi duende.
Mi cuervo.
Mi Río.
Mi puta dependencia.

viernes, 7 de junio de 2013

J.S.

lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los móviles que insultan con los ojos,
el sístole sin diastole ni dueño.

Remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos,
cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos.

sábado, 2 de marzo de 2013

Deshi Basara.

Entre las cenizas. Entre la oscuridad. Entre la sombra. Entre la desesperanza.
Más fuerte, más rápido, más vulnerable.
¿Por qué caemos?
Entre los huecos, entre las grietas, entre las esquinas y los rincones.
Más inteligente, más resistente, con más miedo.
¿Por qué caemos?
"¿Cómo esperas ser mejor, darlo todo hasta el último aliento, sin el impulso más fuerte de la vida? El desinterés por la muerte es lo que te hace caer. El miedo te hace correr más rápido, saltar más alto, golpear más fuerte. ¿Quieres salir de aquí? Salta. Salta como lo hizo esa criatura. Con la muerte en los talones. El miedo te dará alas."
Entre las cenizas, la oscuridad, la sombra y la desesperanza. Entre los huecos, las esquinas, los rincones y las grietas.
"Renacerá"